domingo, 8 de abril de 2018

Óscar David López

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los rumores familiares
Óscar David López

Óscar David López (Monterrey, Nuevo León, 1982) se incorpora al Archivo de Poesía Mexa con sus poemarios Gangbang (FETA, 2007) y Farmacotopía (Bonobos / UANL, 2014): dos formas de escoger una tradición.

            Reconocido con algunos de los premios más importantes del país, Óscar David López comparte su trabajo en Tierra Adentro, Los Inadaptados, Jampster, Círculo de Poesía, La Tribu, Zócalo, The Ofi Press Magazine, Poético Festival, Tumblr o su blog: http://oscardavidlopez.blogspot.com.es/
            Gangbang (2007) enseguida demuestra cómo instruye la tradición literaria y filosófica de William Carlos Williams a Julio Cortázar, pasando por Jean Cocteau, Jaques Derrida, Jaime Gil de Biedma o Néstor Perlongher. Así lo advertimos en las dos partes que componen este libro: «Poemas para subir una escalera» y «Poemas para terminar friqueado». En la primera sección cuatro textos describen los pasos a seguir en esta poética que no se dirige al Olimpo, sino al sótano oscuro y húmedo del poema negro, de policías, crímenes y cadáveres exquisitos. En este sentido se entiende la acepción que introduce el relato en versos: «3. Escena del porno donde alguien, digamos poeta, se alimenta de diversas perversiones hasta alcanzar el orgasmo» (3). Ahí están las sensaciones que produce también la música, con la canción «Oceanía» de la islandesa Björk Guðmundsdóttir como epígrafe. Lo sexual engendra un arte poética que se vale de los huecos entre versos sonoros: «la inmensidad siempre / habita / el frondoso / aliento que se va» (10). El aforismo, condicional, se dirige a un sujeto que es objeto heterosexual, homosexual o bisexual. Versos breves sangran sin puntuación «planeando / cómo contar este suicidio» (19). De Abigael Bohórquez a Luis Felipe Fabre, Óscar David López remite tanto a la libertad poética de Ricardo Castillo, José Eugenio Sánchez, Odette Alonso, Ériq Sáñez o César Cañedo como al complejo guiño narrativo de Gerardo Deniz, Daniel Téllez, Hernán Bravo Varela o Diana Garza Islas. En la segunda parte, tres escenas dividen el encuentro entre lo apolíneo y lo dionisíaco, venciendo, por supuesto, este último. Hay retratos en prosa que describen y generan la posmodernidad del romanticismo, donde destaca la crítica a las reservas de la poesía: «para ella la rebeldía cabe en un espejo de bolsillo / sus sueños comienzan con un lipstick y esmalte de uñas negros» (43). Ponerse en el lugar de otro no siempre es empatía, también inventario; al estilo de Homero Aridjis o Julián Herbert, Gangbang reúne la naturaleza artificial de, por ejemplo, «Autorretrato a los 22». He aquí el comienzo de la madurez de la poesía mexicana contemporánea: «si en una pintura la multitud me reclamara / un óscar david sería la cavidad de la endoscopia» (71). Y antes de homenajear a Derrida en el día de su muerte, el sujeto poético se tacha y se borra:

[…]
ahora devuelvo la autonomía al canto
las aldabas a san juan de la cruz
los peñascos a lezama lima
este axis mío
soy un poeta lactante
y mis labios y mis oídos y mis manos
te enuncian (74)

Por otro lado, en Farmacotopía (el colofón lo fecha en 2013), Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2011, establece un diagnóstico del ser humano, también en dos partes, también pornográficas: la que da nombre al poemario y «ab/uso médico». Sin embargo, nada tiene que ver con la profundidad de Daniela Camacho, al menos a priori, la incisión no se provoca sobre el cuerpo sino en la experiencia de lectura. Más allá del erotismo des(h)echo, existe una conexión entre Gangbang y Farmacotopía: la consciencia tras la per/versión. El primer poema de este libro, siete años después de su bautizo poético, es «Autorretrato [bajo anestesia general] a los 29» (13). Ahora entra la colonoscopia, con un ritmo más sólido, un humor más negro. Lo visual se explora con versos que encajan en curvas que hablan y son intestino. Aquello que sorprendía gratamente por la reunión de referencias, se articula ahora con un lenguaje más nítido. La caja de texto se dilata. La poesía es el fin de la anestesia.




El regiomontano coge (en cualquier sentido) la irreverencia, el cultismo y la banalidad de los setenta, el fin de siglo y el nuevo milenio para demostrar que en la poesía cabe y fluye la escritura colectiva a una mano. Que vuelva porno pronto.

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