La poeta chiapaneca Clara del Carmen Guillén, de quien ya hablamos en este blog, acaba
de publicar dos poemarios: Libamen (Abrace, 2019) y Balacó (Terramojada,
2019). Por la recuperación arqueológica y lingüística del sur de México pueden
estudiarse dentro del proyecto CORPYCEM. A continuación compartimos algunas notas
en ese sentido.

La
soledad no existe.
Imposible
tocarla en esta tarde,
hay
huellas ascendiendo por los templos,
huellas
que van y vienen de los siglos.
La
piel intemporal de esta memoria
se
llena con sus voces.
Versos de siete y once sílabas, en
simetría, de principio a fin en apenas seis lúcidas líneas, traen al ritmo de
tradición italiana el paso del tiempo marcado en la tierra y en los tiempos de
los templos; por las escaleras que ilumina el equinoccio en la imagen de la
serpiente. Estamos ante la cultura maya: «es un pasado
atándose al presente: / voces renacidas al conjuro» (11). Se produce de tal
modo un diálogo entre diferentes tiempos y culturas a través del cuerpo que
encarna el bestiario y las divinidades asociadas a la naturaleza, en comunión
vertical. Llega la noche y el famoso calambur de Xavier Villaurrutia irradia la
fuerza de once más siete sílabas: «La luna que madura en la montaña con su luz
envolvente» (13). La voz en este caso, recrea, la sensación de la labor
arqueológica, a la vez que en primera persona el sujeto poético conjetura el poder de la Reina Roja en el poema «Tz'akbu Ajau,»: dividido en cuatro
secciones, en la segunda de las cuales se menciona a Rosario Castellanos: «El
que se va se lleva su memoria, / su modo de ser río, de ser aire, / de ser
adiós...» (20). Otras referencias, en primera persona, conformarán el diálogo
como José Martí, Walt Whitman, Fernando Pessoa, Ida Vitale o José Emilio
Pacheco para aclarar el palimpsesto de tradiciones histórico-poéticas.
Balacó,
según la propia autora, recupera el «habla coloquial de un pueblo acá en
Chiapas, significa: “lo que arrastra la inundación de un río”». Parte de este
trabajo fue publicado en Facebook y me recuerda, por el sentido etimológico, al
Sudd que incursionaron Pedro Serrano y Carlos López Beltrán en la antología 359
delicados (con filtro) (2012). Con trabajos como este sale a la superficie
una poética que para buena parte de la crítica apenas se percibe en el tránsito
de la generación de los cincuenta, a la que pertenece Clara del Carmen Guillén,
y jóvenes promociones a priori (y solo aparentemente) inconexas con las
culturas que aquí se muestran.
Uno
de los poemas, breves, numerados, representa el pasado que cobra vida y voz ahora
en este término que concentra la poética y el homenaje de la autora chiapaneca:
6
Con
esta propia voz, en el tumulto de palabras, balacó se acentúa, exige, se
huracana; arribó sometida entre la danza negra que abrió paso en el puente de
la historia. Hasta esta orilla vino en busca de miradas que se esconden, entre
otra esclavitud y otras cadenas.
Sobreviene
el torrente, alguna voz de auxilio exige tregua:
es
más fuerte el impacto del destino, se arrastra, plañidero,
se
reinventa (10).

Para Clara del Carmen
Guillén: «Aquí resarciremos las angustias que generó tu nombre / al arribo de
tanta iniquidad / que ha cruzado la historia, sin perderse» (19). Los versos claros
van surcando la página y el tiempo a favor del tono coloquial, cercano a prosas
finales que apuntalan el objetivo de quien escribe: «un pie de página que
anuncia su punto de reinicio, otro modo de ser, que se percibe, un rumbo
diferente que reescribe la historia y la permea, para seguir soñando» (26).
En
definitiva, tanto en Libamen como en Balacó permea la tradición de un
continente y un contenido que discurre siglos después de la fecha de sus
vestigios para evidenciar la reconfiguración del mundo precolombino en una de
las escritoras de mayor herencia, tradición y renovación.
Muchas gracias por tus comentarios, Ignacio. Que tus palabras lubriquen el camino de Libamen y Balacó, para que alcancen muchos lectores.
ResponderBorrarMuchísimas gracias, estimada Clara: siempre es un gusto leerte. Larga vida para tales caminos. Un fuerte abrazo desde Alicante,
BorrarNacho
Muchas gracias por tus comentarios, Ignacio. Que tus palabras lubriquen el camino de Libamen y Balacó, para que alcancen muchos lectores.
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