Ricardo Castillo (foto de Tere Tenorio) |
En 1980 Castillo recibe el Premio
Nacional de Poesía Carlos Pellicer por El
pobrecito señor X. La oruga, una actualización del libro por el que aún hoy
todos lo recordamos. Sin embargo, aquí nos centraremos en dos obras posteriores
por estar disponibles en internet, y facilitar así su lectura, y porque,
obviamente, son menos estudiadas. Apenas hay artículos o comentarios al respecto. Destaca un par de entrevistas de Luis Rico Chávez en Argos y de Luis Vicente de Aguinaga en Periódico de Poesía de la UNAM.
En esta última reconoce que Borrar los
nombres surgió sin pensar en su posterior adaptación al escenario.

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[...]
Hay que resistir entonces el vértigo de no entender
pero sentir que la carrera no es sobre las piedras
y que la tarde suena como piedras de oro que jamás
serán monedas
Son habituales
en el jalisciense las referencias explícitas al tabú (sexual o erótico,
recordemos que corren desnudos). Los paralelismos y las imágenes claras (con un
doble sentido moral en el fondo) conectan directamente con quien lee y escucha un tono cercano y coloquial. El lirismo se logra a partir de la
concisión con la que se narra (no sin erratas) pequeñas historias conectadas en
un poema con finales certeros.

Los tenis finalizan un giro y se detienen sobre la
barda. Nicolás e [sic] lleva una mano a la frente y luego señala la luna
redonda y palpitante. Vemos otra vez volar los dados en cámara lenta. Inmóvil
Nicolás prolonga su ademán hacia la luna, dice:
Pienso en ti
y es la imaginación la que se rompe,
la que sangra hacia un amor que existiría
aunque yo mismo no hubiera nacido.
Pienso en ti
y ruedan los dados y creo en la buena suerte….
(14-15)
La puesta en
escena de la poesía de Castillo puede entenderse mejor este video que muestra
su último trabajo, Il re Lámpago
(2009), en la Casa del Poeta Ramón López Velarde:
Círculo de Poesía,
cómo no, reúne algunos poemas de ese libro que tanto impactó en el panorama
literario: El pobrecito señor X; por
partir de intereses populares para criticar, parodiar y representar, al cabo, la
dimensión social que engloba al peatón de una ciudad sucia y suicida. Además,
en el ya citado Archivo de Poesía Mexa encontramos nueve textos sonoros de Ricardo Castillo, donde destacan el ritmo narrativo,
la paranoia y el eco que definen su evolución poética, cercana a la labor que por
ejemplo, vimos, realiza Rocío Cerón.
Terminamos, una vez más, con la voz del poeta recogida por La Otra.
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