domingo, 14 de octubre de 2018

Animal doméstico


Animal doméstico (Juan Malasuerte, 2017) es el poemario de Andrea Alzati (Guanajuato, 1989) que muestra los límites de lo humano y lo animal en un espacio, el doméstico, extendido en la dimensión cívica más allá de habitaciones concretas de una casa para narrar escenas de la intrahistoria y de la violencia que altera la habitabilidad urbana.

            Aunque la autora aparece en la revista Cuadrivio, Vallejo & Co., Circe o Fractal, di con este libro por el dossier «La última palabra: a 50 años del 68» que el Periódico de Poesía de la UNAM publicó en la víspera del 2 de octubre. Allí, junto a otros textos, venía su «Borradura de Palinuro de México. Notas para un performance conmemorativo»: obra que se puede seguir en sus distintas fases a través de su página web: http://www.andreaalzati.com/, resultado de sus blogs anteriores: poetificaciones y tareas expuestas.
            En febrero, marzo y mayo de 2018, respectivamente, reseñaron Animal doméstico Mario Pera en Vallejo & Co., Patricia Arredondo en Oculta Lit y M. S. Yániz en Excavaciones; destacando: la infancia, la madurez y la cadencia; el color de la luz al apagarse; el (más despierto) activismo y lo cotidiano. No creo, sin embargo, que sea una poesía cotidiana, sino coloquial: las disquisiciones surgen de elementos aparentemente simples, pero la clave está en la capacidad para articular un peculiarísimo juicio sobre ellos, en verbalizarlos y expresarlos con nitidez, y no tanto en la rutina o en los ritmos del día a día; al contrario, explota lo inusual.
            Las partes que estructuran el libro son celdas de «miel», «huevo» y «leche»; es decir, reductos para las especies que laboran a la postre lo que consumimos como humanos. La anáfora suena paralela a lo silente; el recuerdo de una mascota que era animal. Lo surreal y lo onírico construyen imágenes que son Postales y Espejismos. En primera persona retrata la sociedad del siglo xxi mediante seres gregarios: «también lo transgreden las antenas manecillas del reloj tiempo hormiga, / camino minúsculo inevitable que tienes en el anverso de la lengua» (16). Al que me parece su mejor poema, «memoria» (25-26), le quitaría los tres versos que preceden al final y así («un animal salvaje») sería una garra cautelosa en lo alto de la página blanca. En el último texto:

[…]
por debajo de todas las puertas
                                                               entraban ríos
                                                                                               de leche
                                                                                                                              hirviendo
[…] (68)

Una palabra basta al final para cambiar el tono y convertir lo que parece un dulce deseo de abundancia en una urbana quemadura mamífera.


            Con la oscura coloquialidad de Eva Castañeda, el ímpetu de Ánuar Zúñiga Naime y el alimento que narra Isabel Zapata, por más poemarios de Andrea Alzati.

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