domingo, 8 de agosto de 2021

Irma Torregrosa

 

Irma Torregrosa (Mérida, Yucatán, 1993) incluye su reciente poemario Piélago (Cuadrivio, 2020) en el archivo de Poesía Mexa. Con este libro advertimos algunos de los rasgos (claridad en las escenas descritas; lenguaje coloquial, no exento de lirismo; precisión sintáctica; o multiplicidad simbólica en elementos comunes) que la convierten en una escritora capaz de conversar con otras y otros poetas de su promoción.




            La edición que se encuentra en el repositorio abierto no es la definitiva de la editorial, por lo que nos referimos a textos cuya paginación no corresponde con el formato impreso.

            Piélago se estructura en tres partes: «Fotos y dibujos», «Metafísica del pez» y la que da nombre al libro. Arranca con un epígrafe de Lêdo Ivo: «Jamás veremos el mar que el mar oculta» (6). Con dicha máxima ofrece la declaración de intenciones un sujeto poético que en plural profundiza en las diferentes capas abstractas e inasibles de la naturaleza, consciente de que inviable será llegar al elemento que nos atrae.

            La memoria familiar trae a colación diferentes objetos (un bañador o un salvavidas, a través de las fotografías). Con ese recurso se construye una historia personal que da pie a la comprensión marina en el país con más hispanohablantes. En prosa, a la manera de un cuento, se presenta a un personaje que dialogará mediante el verso con la familia en torno a un hecho, parteaguas: el ahogamiento.

            Tras esa primera sección en la que se consolida la relación autobiográfica, entendemos, de la yucateca con el mar (hasta el punto de ser un vínculo divino), el análisis del pez configura un nivel superior de lectura y también de arte poética. En esta ocasión se toma como punto de partida un par de versos de Balam Rodrigo: «Toda belleza es monstruosa, / aunque no hay más monstruo que el corazón» (18). Cual sinécdoque leemos:

 

El embrión humano es leve en fase temprana,

muy similar al de otros mamíferos aves y anfibios

que también han venido del agua.

 

Fuimos, somos peces:

al igual que en otras especies

el vientre de la hembra humana es el primer océano (20).

 

            Como si de un ecopoema de Isabel Zapata se tratara, la reflexión sobre las especies y nuestros orígenes en relación con el medio acuático, sin abandonar el tono poético de los primeros textos, también breves, en prosa, ahora destacan con más frecuencia los pasajes en cursiva, propios del ensayo o escritura enciclopédica de la que se apropia con éxito Torregrosa. Fluye la escena: profundiza en la disección del ser marino a sabiendas de reconocer la inviabilidad de tal hondura. Junto a dicha técnica, cobra importancia el uso de los dos puntos que veíamos, entre otros, con Antonio León. En el caso de la poeta, el signo de puntuación articula un diálogo consigo misma: dos voces en torno a la lluvia, ahora, del ciclo del agua. ¿Se trata de una conversación recíproca con nuestros ancestros?

Seguidamente queda explícita la crítica a las políticas migratorias que abandonan a su suerte, en alta mar, a quienes buscan refugio. Se acerca en este sentido al Clima mediterráneo (Visor, 2017) de Luis Bagué Quílez. Leemos en Piélago: «calma la agonía de los niños a la deriva / les canta, los duerme / a la orilla de las playas europeas / para que puedan ser reconocidos. // Los recibe de vuelta si nadie los reclama» (26).

            La alegoría desemboca en la parte homónima. Piélago acaba siendo un círculo, agua que cae y se evapora y no sabemos si es mar, realmente. Las alusiones a aquellas fotografías, en esta serie final, dan cuenta de cinco figuras que a modo de diario discurren por la belleza del mar que estuvo cerca de convertirse para siempre en un monstruo. Tamaño episodio encierra sensaciones a favor del contacto humano con la naturaleza, a pesar del daño que entre ambos pueda permear.

 

 


 

            Torregrosa resulta ya una de las referencias para quienes quieran aproximarse a la poesía mexicana contemporánea. Pueden hacerlo en Círculo de Poesía, Punto de partida, Este País o Tierra Adentro; donde reseña Derrota de mar (Jaguar Ediciones, 2019), de Marco Antonio Murillo: un autor con el que es fácil trazar nexos dentro del disperso y rico panorama que nos ocupa. Sigamos tal maremágnum.

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