El miércoles 6 de octubre a las 12:00 (h. del centro de México; 19:00 h. peninsular de España) se presentará el libro Imaginar el pasado, reconstruir futuros. Literatura mexicana del siglo XXI: entre nuevas textualidades y la reivindicación de tradiciones (Universidad de Guadalajara, 2021) que coordinan Tomás Martínez Gutiérrez y Cecilia Eudave. Se podrá seguir por Facebook Live: https://www.facebook.com/lit.mexicana.udg
Tomar como parteaguas el año 2000 no
significa renunciar a lo que sucedió con anterioridad a esta fecha que inaugura
el tercer milenio; al contrario, pese a estudiar obras que se publican en el
siglo XXI, la base radica en una rica y honda tradición con la que es posible establecer
conexiones a nivel cultural y, por ello, político y social.
Resulta clave en estas dos décadas
el avance tecnológico y su uso tanto en la creación como en la difusión o
recepción artísticas. Ante dicha encrucijada se sitúan quince ensayistas con trece
capítulos, amén de la presentación de los coordinadores, que pasamos a resumir
a continuación desde el interés que nos despierta en este blog la lírica.
En primer lugar, Tomás Martínez
Gutiérrez y Cecilia Eudave imbrican en el pórtico de este libro los temas que
explican una literatura tan variada y dispersa como lo es la mexicana. Lo logran
sin necesidad de resumir cada capítulo: algo que haremos de soslayo en lo que
sigue con la intención de advertir los nexos con otras obras que perfectamente,
pese a no estar presentes de manera explícita, permite entender la publicación
de la Universidad de Guadalajara.
Armando Octavio Velázquez Soto
inaugura el volumen con un pertinente y claro panorama de la interrelación de
obras intermodales que ejemplifican las novelas impresas de Verónica Gerber,
Valeria Luiselli y Vivian Abenshushan; autoras que protagonizan otros ensayos
de este libro: de ahí que el texto del investigador de la UNAM ponga luz desde
un principio en teorías y referencias aquí abordadas.
La relación de texto e imagen a
propósito de la recuperación del mundo precolombino en las poetas Irma Pineda y
Rosa Maqueda resulta un trabajo en el que se advierte el índice de este libro que anotamos. A diferencia de
los casos abordados por Velázquez Soto, los elementos no verbales descritos por
Pineda o Maqueda no forman parte de las obras de tales poetas: se añaden
posteriormente para ilustrarlas; de manera que pueden eliminarse sin afectar al
desarrollo del poema: algo que no ocurre, por ejemplo, con los poelectrones de Jesús Arellano o las performances de Andrea Alzati.
Por su parte, Alexandra Saavedra
Galindo toma como referencia el citado fenómeno de Gerber (de ahí el
engarzamiento que destaca en este libro) a la hora de reflexionar precisamente
sobre el “libro” que publica Abenshushan: Permanente
obra negra. En este sentido echa mano de El arte nuevo de hacer libros de Ulises Carrión de cara a la
negación y la tachadura del carácter tradicional de tal objeto, ya refutado en
la cita de la escritora mexicana que encabeza el trabajo de Velázquez Soto.
El certero comentario de Saavedra
enlaza con el de Priscila Machado Barreto Santos a propósito de Mario Bellatin;
por lo que la investigadora de la Universidad de Alicante perfectamente
encuadra con el volumen que vio la luz en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, entre otros de los trabajos que sobre dicho
escritos se han venido publicando. Con Machado Barreto Santos se aborda la
novela Flores de Bellatin desde lo
posthumano que resulta una prótesis. El dispositivo tecnológico, pues, en la
poética que traza la investigadora, sería la escritura en sí misma: correlación
o continuación del cuerpo de quien ejerce tal oficio, hasta una reflexión que desemboca
en el doppelgänger.
Con el inusitado dinamismo que
caracteriza a Sebastián Miras se sostiene su lectura de la galardonada con
el Premio Iberoamericano de Letras José
Donoso 2021, Cristina Rivera Garza. Antes de centrarse en la tamaulipeca, toma como punto de
partida el libro de Maricela Guerrero Fricciones, que aborda
nuestra maestra Carmen Alemany Bay en torno a la singular figura de Hernán Cortés. En contacto con
la lírica discurre la narrativa que opera en los ensayos de la ya clásica obra
que es Los muertos indóciles. Necroescritura
y desapropiación de Rivera Garza; con base en la posmodernidad y numerosas
lecturas teóricas que facilitan tanto el proceso de escritura como el de
lectura: tránsito que se repite en Imaginar
el pasado, reconstruir futuros. La conclusión a la que llega Miras (o a la
que nos hace arribar) se halla en los propios medios de producción, como tema, de
obras que dialogan con las de Sara Uribe o Yolanda Segura en los últimos años.
Una vez asentado el argumento, la
estructura y las voces de la novela Desierto
sonoro de Valeria Luiselli, que traduce del inglés al español con Daniel Saldaña Paris, ya dibujadas desde el trabajo de Velázquez Soto, Ferran
Riesgo aprovecha su conocimiento sobre los fenómenos acústicos para poner en
diálogo la obra de la escritora que radica en Estados Unidos de América con los
cultos judeocristianos o islámicos; con la espiritualidad, al cabo. La
Apachería, entonces, funge como territorio de ecos que interpreta el músico que
es autor ahora del ensayo que enriquece la lectura de una de las obras mejor recibidas
en los últimos años. En el tercer milenio, entre México y EUA se da, cuando
menos, una producción cultural que descuella últimamente, según se presentará
más adelante sobre Jorge Vopi y temas que desde la Universidad Autónoma del
Estado de México investiga en su doctorado Heber Quijano.
También en torno a la narrativa gira
el capítulo a cuatro manos de Luz Eugenia Aguilar González y Margarita Jiménez
Moreno, quienes continúan la veta que abrió la citada profesora Alemany a
propósito de la escritora tapatía que coordina este libro junto a Tomás
Martínez Gutiérrez, Cecilia Eudave. Las investigadoras parten del simbolismo
del caracol a la hora de desarrollar el espacio entre lo real y lo insólito que
es lo inusual, con base en lo que el relato nos ofrece para creer en lo
fantástico de raíz intrahistórica; es decir, dentro del propio hecho narrado.
La novela Bestiaria vida, que mereció
el Premio Juan García Ponce, con este trabajo abona la crítica de Nieves Ruiz,
Benito García Valero o un libro con el que podría dialogar Imaginar el pasado, reconstruir futuros: Literaturas en México (1990-2018): Poéticas e intervenciones (UNAM, 2019)
coordinado por Mónica Quijano Velasco, Roberto Cruz Arzabal, Eugenio Santangelo
y el citado Armando Velázquez Soto.
Si al final del artículo sobre la
matrofobia en Eudave pensamos en la poeta Esther M. García, con Miguel Ángel Gómez Soriano la lírica gana a través de su
certero punto de vista. Se centra en una de las poetas más activas, Nadia López García, autora de Ñu´ú Vixo /
Tierra mojada. En lenguas originarias, la escritora mixteca construye un
sujeto en la dirección de lo delineado por el SIPMC
y críticas que, con soltura, van de Susana Bautista Cruz a Yasnaya E. Aguilar
Gil. Gómez Soriano analiza con orden y finas interpretaciones un libro que
detona símbolos y mitemas que, sin duda, continuarán en la lírica mexicana, en
cualquier de sus lenguas.
Seguidamente, María Rebeca Chávez
Báez y Diana Sofía Sánchez Hernández firman al alimón un texto sobre La paz de los sepulcros de Jorge Volpi.
Se ahonda de tal modo en el solapamiento de la violencia y la comparación
política (otro de los puntos clave que pone en comunión este libro que imagina
el pasado); en tanto crimen organizado que conforma el proceso, de nuevo, por
el que Volpi es autor de ficción con viga en la realidad. Así pues, el caso
estudiado ahora ilustra buena parte de lo que se publica en el país con más
hispanohablantes, en contacto con el de más angloparlantes.
Si hace una semanas Margo Glantz presentó In vitro, de Isabel Zapata, resaltando el machismo que circunda la esterilidad y el cuerpo que
gesta, otra de las escritoras que analiza y desmitifica el tema de la
maternidad como es Brenda Navarro en Casas
vacías ofrece líneas perfectamente seguidas por la investigadora de la UNAM
Brenda Morales Muñoz: la culpa, el deseo, la sumisión, la cólera o el hogar.
Ya en la recta final, Jorge Antonio
Medina Trujillo repasa los andamios de la tradición que soportan la obra de
Eduardo Antonio Parra. Estos descansan en Juan Rulfo o José Revueltas con
técnicas que van de los blancos activos al confinamiento textual: manera de
leer, también, en este tercer milenio, como advertimos tras la obra del
guanajuatense en el transcurso de este libro sobre la manera de conformar un
libro distinto y continuador de otros.
En Verónica Gerber Gicecci, ya aludida,
profundiza Marco Antonio Islas Arévalo. De nuevo Cristina Rivera Garza, según
lo vimos con el trabajo de Sebastián Miras a propósito de Maricela Guerrero,
comprende la teoría de la desapropiación de la que se vale el profesor de la
Universidad de Guadalajara a la hora de estudiar las partes que componen el
libro híbrido de Bicecci, La compañía.
Por último, Oscar Kaleb Gómez
Gutiérrez, de la misma institución jalisciense, como como punto de partida la
crítica de Luis Vicente de Aguinaga para concretar la presencia de los mitos órficos en uno
de los poetas más relevantes de las últimas décadas, el ganador del Premio
Aguascalientes 2009 Javier Sicilia, autor de la obra aquí referida: Pascua. Lo cual demuestra, como queda
apuntado en cada uno de los capítulos de este libro, la vigencia del pasado en
la imaginación de sus diversas aristas e incertidumbres del presente próximo.
A pesar de los temas tratados,
híbridos y abstractos por lo general también en su forma o modo, prima el
enfoque didáctico y sintético de las conclusiones extraídas tras la lectura del
trabajo que coordinan Tomás Martínez Gutiérrez y Cecilia Eudave. Se cuestiona
así el formato del libro en las últimas décadas mediante aproximaciones sobre
obras representativas de la literatura mexicana.
No se trata de manera directa el
género teatral; sin embargo, el hibridismo de las representaciones
intermediales que hemos citado, en diálogo con otras con las que se podría ampliar
el panorama, se acerca a parte de lo que sucede en la escena.
Tras la lectura de Imaginar el pasado, reconstruir futuros,
destaca el número de autoras en contraste con el de autores. Esto se debe en
buena medida al foco que la Universidad de Alicante pone en las escritoras
mexicanas mediante el proyecto CORPYCEM que codirigen
Carmen Alemany Bay y Beatriz Aracil Varón; no obstante la invitación de la
Universidad de Guadalajara permite que se establezca una línea de trabajo en la
que, sumándose especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, se
desarrolla la escritura de poetas, ensayistas y novelistas a las y los que nos
hemos referido.
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