domingo, 10 de mayo de 2020

Muñelocos


Muñelocos (Pan Caliente Editoras, 2018) es un poemario de Monserrat Acuña (Querétaro, 1994) que repiensa el sistema en el que vivimos. Profundiza con tino en la identidad, la genealogía, la apariencia o la comercialización. Construye una serie de poemas en prosa que enriquecen la lírica mexicana por su atrevimiento, de la mano de un proyecto editorial también particular y sugerente.

            Gracias a Diana del Ángel, recibí este libro como el nombre de la editorial. Iba envuelto incluso en un papel que aún conservo. Forma parte de la colección Pan de feria. La otra es Bizcocho: poemas para llevar; y espero hincarle el diente pronto. Esta iniciativa surge de las también poetas mexicanas Yolanda Segura y Maricela Guerrero, quien sostiene en Sin Embargo:

Se llama Pan Caliente Editoras, donde tenemos dos colecciones. La primera se llama Pan para llevar, donde organizamos una lectura y hacemos una plaquete donde el público se la podrá llevar pagando el precio de lo que sale el pan en el lugar que lo estamos organizando. Jugamos con esta cosa del precio y del valor. La otra colección se llama Pan de feria, donde publicamos primeras obras de nuevos escritores. La primera es Monserrat Acuña, una chica muy brillante de Querétaro. Se llama Muñelocos, donde hace una denuncia de la precarización del trabajo de los jóvenes y cómo le da la vuelta y juega con como somos absorbidos por el sistema.

Monserrat Acuña trabaja en El Periódico de las Señoras, donde Esther M. García publica La destrucción del padre (2019); y donde Acuña reflexiona, por ejemplo, sobre la mujer en la literatura. A Muñelocos se le dedica un espacio en Vozed, cuyo video parece no funcionar ahora mismo; pero destaca por el GIF que remite al tema de este libro: aparentemente resulta poesía sobre ciencia ficción, pero en el fondo es un retrato de lo más cercano a lo que está aconteciendo. También podemos leer a la queretana en Low-Fiardentía, Punto de partida o Letralia.
            Me quedo con la reseña de Romano en Goodreads, quien considera que es mucho más que un poemario, llegando al género ensayístico o documental por esa hibridez fértil; amén de las connotaciones que pasan desapercibidas: «El texto de Monserrat Acuña tiene incluso una cierta cualidad de silbato para perro en que existe la posibilidad de que sus temas sean invisibles para determinados lectores, especialmente para aquellos que pudieran tener un repentino rechazo a textos feministas mucho más literales o incluso pasivo agresivos».
            El prólogo es de Xitlalitl Rodríguez Mendoza:

Muñelocos, compuesto por 19 poemas e imágenes precisas e implacables, advierte los mecanismos tácitos de violencia y de anulación, así como las cerrazones de aparatos y teorías, al tiempo que vuelve palpables las prácticas cotidianas de exclusión y violencia de género. Con entornos que van desde Anna Ajmátova hasta la estética de Peaches (5).

Luego se suceden los poemas breves con una numeración que nos hace pensar por un momento en las culturas originarias de México que estudia CORPYCEM, pues la identidad y la configuración social es uno de los hilos conductores de Muñelocos. Tales símbolos contrastan con monigotes (o, mejor dicho, Muñelocos) que refuerzan la que fue palabra del año en 2019 para la Fundéu. Se narra una historia, como ensayo, según se dijo; con el tiempo como base, histórica.
            El sujeto poético habla en tercera persona de la Garra, ese monstruo que es el sistema. Finalmente, incluso como un cuento, el cierre revela lo que ocurre ante la existencia de tales prácticas. Los muñecos o peluches que hemos visto en la urna de una feria funcionan como alegoría de la sociedad:

Han diseñado trampas para impedir que la Garra se convierta en su verdugo. Se atoran, se zabullen en la profundidad del mar de poliéster 100%. Algunos han modificado su cuerpo, poseen grandes protuberancias: cabezas o largas colas que dificultan la tracción del gancho. Otros afirman que la mejor estrategia es aprender a mirar a otro lado (11).

El sexo –como teoría de la atracción–, la estética –como lo que la industria considera bello– y el entorno –como relaciones interpersonales mediatizadas por la estigmatización– conviven en esa caja que mostraban Diana Garza Islas o Rosario Loperena. Lo visual, incluso, ante la yuxtaposición de frases y escenas, va recargando la escena. Otras veces, sin pausas ni espacio en el confinamiento, se suceden los términos en uno de los Testimonios: «Asueto familiares        abuelo hermana          madre» (20). «Técnica para sacar estos peluches de mierda» (17) es la máxima se repite en Google para buscar una respuesta, a la manera de Hernán Bravo Varela en la parodia que es decir quién soy Hasta aquí (2014). Este libro replantea cual reportaje periodístico, desde la poesía, los conceptos, Muñelocos, que conforman el heteropatriarcado, la práctica literaria y hasta el canon.
            Cuando, según apunta Quirarte, se ha perdido el arte que es el colofón, Pan Caliente Editoras mantiene este bello cierre, fuera del lugar común:

Muñelocos se terminó de imprimir el sábado 03 de abril de 2018, con horas de trabajo socialmente útil que las editorias sustrajeron de sus respectivas tareas remuneradas y que pactaron realizar el día se fueron de pinta a Chapultepec. Entre capítulos de tesis, seminarios y archivos caciques, las editoras amasaron y hornearon este primer libro de la Colección Pan de Feria para compartir el pan y hacer que los sismos y las penas laborales –y sociales– sean menos duras y más peluchosas (28).

Aprovechen que está disponible en la maravilla que resulta Pan Caliente Editoras; y presten atención a proyectos tan coherentes como este, en el que se puede leer a una poeta que describe con inteligencia e incluso humor la tristeza y la violencia que nos rodea.

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