domingo, 10 de julio de 2016

Anamnesis

Ofelia no pensaba claramente, nadie con miedo piensa claramente.
Clyo Mendoza (pág. 27)

Anamnesis (Cuadrivio, 2016) es el primer poemario de Clyo Mendoza (Oaxaca, 1993). A través de los poros que tapa la violencia, la voz poética desemboca, sin estridencias, en un relato brutal pero verosímil de los sentidos que recuperan imágenes, gustos y tactos sangrantes tras el tiempo de silencio que diferencia a las personas y a las bestias, a la poesía y al grito.

            Hace un par de meses Clyo Mendoza presentó su ópera prima en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia junto a los también poetas mexicanos Alejandro Tarrab y Eva Castañeda. Anamnesis forma parte ya de la tradición literaria por el tema y la forma. El dolor humano es tratado desde la mente que expresa fríamente lo que quema por dentro.
            A finales de junio, Estefanía Yetzel Becerra publicó «Anamensis: relato de generaciones» en La Rabia del Axolotl, uno de los proyectos que actualmente más y mejor trabaja la literatura y el arte desde México. Estefanía Yetzel destaca las protagonistas femeninas que se suceden en la voz de Ofelia, la protagonista de Anamnesis:

Frente a Ofelia me encuentro con personajes como Yerma de Federico García Lorca o como la mamá de Crispín de Juan Rulfo, mujeres que encarnar la frustración maternal, mujeres que buscan dar vida y se preguntan qué es la vida y parece que todas se dirigen hacia el camino que señala que la encarnación de la vida está oculta por la máscara de la muerte o quizá en Clyo es al revés: la encarnación de la muerte está dormida en las innumerables manos de la vida.

La vida causa lo inerte y la muerte se ceba en lo inerme. La poesía sepulta la letra t a favor de la m. El resultado es el mismo. Reencarnarse todavía es difícil, pero desahogarse es un paso. A veces, la valentía radica más en la palabra que en los hechos. Al decir «Ofelia luchó pero la sangre llamaba al cuerpo y cayó, irremediablemente, en un hueco vecino al sueño: el recuerdo de una visión pasada» (18), en tercera persona, Clyo resulta agente del texto y del contexto que transmite, por ejemplo, en el poema sucesivo «IX (La visión pasada)» (cfr. 19): la angustia de gestar vida en la muerte.
            Anamnesis se compone de doce poemas numerados en romano y otros trece textos cuyos títulos son fundamentales para ubicarnos entre la vida y la muerte: «Dos de noviembre, 12:23 AM» (cfr. 30). El verso y la prosa se acercan a la epístola para generar un poemario narrativo gradualmente cohesionado por la polifonía de los recuerdos.
            Lo escatológico fluye: «La madre tenía puestas bermudas color verde oliva y su frente goteaba un sudor con sabor parecido al de las lágrimas» (10). Clyo describe la acción mediante detalles e instantáneas objetivas que junto a la valoración subjetiva construyen la personalidad y el estado de la protagonista «(Ofelia a los ocho años)»: «Sus lágrimas mojaron la almohada. Estuvo bien, hacía calor» (25). Llorar consuela. Sí. Pero, ¿a quién?
            Por metonimia, el olor a anciano recuerda a «alguien que ni siquiera vivió» (29).
            Enseguida empatizamos con Ofelia. Se siente violentada. Sorprende la pausa y el valor con los que denuncia lo ocurrido recreando un diálogo donde la tipografía muestra la exhortación y la oración maldita:

Tienesqueirte −dijo−
               Te quiero Gabriel
nomeimporta
               Quiero acompañarte
VETE −gritó− voyadestruirtesimerompoterompesconmigo (47).

Las palabras están unidas a la fuerza por un líquido ya sólido. Separarlas es el objetivo de la poeta y de quien lee.
            El último poema del libro, «El llamado» (cfr. 46), se organiza en varios poemas. Uno de ellos, «El demonio se sirvió de los hombres para mirarles las entrañas» (cfr. 49-58), se divide a su vez en siete partes. La sexta, la «f)» (cfr. 54-56), se vale de las comas para marcar las pausas y las repeticiones que provocan, finalmente, una eyaculación oscura: «Con culpa, con asco, con ganas de vomitar, recibió en sus ojos el sudor de cada hombre, recibió la espesura de crema cortada, el escupitajo» (56). Si al principio de Anamnesis discurrían lágrimas con sabor a sudor por la frente femenina, ahora desciende a los ojos un sudor masculino y lleno de hormonas vacías.
            La sangre se seca en los párpados. La realidad virulenta se refugia en lo onírico. El miedo es un recuerdo.
            Algunos de los poemas de Anamnesis aparecieron en la antología de Elena Medel y Luna Miguel: Los reyes subterráneos. Veinte poetas jóvenes de México (La Bella Varsovia, 2015). Por otro lado, en Círculo de Poesía vienen algunos fragmentos de su inédita «Noches de sombra».

            Clyo Mendoza es un ejemplo de la fuerza joven que tiene la poesía mexicana. Gracias, Alejandro, por este libro, entre otras cosas.

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