domingo, 25 de diciembre de 2016

Hernán Bravo Varela

Imagen de Horizontal
abrapalabra.
(Bravo Varela, 2010: 12)

dicho mapa es una imposibilidad.
(Bravo Varela, 2008: 39)


Hernán Bravo Varela (Ciudad de México, 1979) es un poeta que traduce y organiza un sinfín de actividades por la literatura y por México. A esta conclusión llegamos tras leer su poemario Sobrenaturaleza (Pre-Textos, 2010) y su libro de ensayos Los orillados (DGE Equilibrista/ UNAM/ Conaculta, 2008): la cuidada expresión lírica y un acercamiento al margen.
            Si alguien quiere leer a Hernán Bravo Varela puede hacerlo en Oficios de ciega pertenencia (2004), Comunión (2008) o su reciente Hasta aquí (2014). Además, destaca la muestra crítica de la poesía mexicana actual El manantial latente (2002) que coordinó con Ernesto Lumbreras. En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven de Mëxico y fue finalista del Premio Nacional de Ensayo «Los orillados» por Los orillados, que comentaremos. Si queremos verlo, no tenemos más que acercarnos a Las Hormigas, la Casa del Poeta Ramón López Velarde, donde constantemente organiza presentaciones, recitales o coloquios de poesía. Asimismo, presenta el programa de TV UNAM «Punto Doc». En septiembre de 2016 estuvo en Madrid cantando (pues es otra de sus facetas) por el festival «México se escribe con equis». Talento, mucho talento, y simpatía.
            Según comentábamos en este blog con el libro de Alejandro Higashi PM / XXI / 360°, Hernán Bravo es uno de los referentes en la poesía mexicana contemporánea.

que en la obra de Bravo Varela resulta una consecuencia natural de la enérgica y disciplinada concentración con la que el autor explora la tradición del poema lírico en México, dentro de una geografía poética que solo ha atendido al poema lírico en clave idealista y ha sacralizado a la musa (Aridjis, Chumacero o Bonifaz) o que, por el contrario, ha decidido, para compensar la sublimación de los anteriores, ridiculizarla: desde Efraín Huerta hasta Francisco Hernández, el poema lírico parece siempre un escape a las inspiradas alturas de la poesía épica y seria. […] En el caso de Bravo Varela, su relación con el poema lírico no es ni crítica ni lúdica; se trata de una continuidad exploratoria en la cual, a lo largo de varios libros, encuentra una voz lírica propia y sortea con éxito los tópicos acumulados a lo largo de varios siglos para ofrecer una perspectiva fresca y respetuosa. Si Cernuda fue su maestro, en cierta forma lo ha superado en el mismo terreno y sin recurrir a la muerte simbólica del padre (a quien, al contrario, se presume en Realidad & Deseo Producciones): Bravo Varela es un poeta de profundos, originales y, en ocasiones desapercibidos para la crítica, grandes poemas líricos como “Seis rosas más tarde”, “Los brazos renovados” o “Desposorio”, solo por hablar de los más descaradamente románticos (416).

Y es que Realidad & Deseo Producciones (2012) confirma, como ocurre con Vicente Quirarte, el peso, bendito sea de paso, que tiene la tradición en la lírica actual. Luis Cernuda y la poesía anglosajona son referentes en Bravo Varela. Así lo muestra uno de los poemas de Sobrenaturaleza (cfr. 58), el cual leyó en el reciente ciclo «Pensar la muerte» (1: 22´45´´) que coordinó Quirarte en El Colegio Nacional:


Sobrenaturaleza se compone de dos partes: un conjunto de imágenes que conforman su poética (cfr. 45) clásicamente moderna y una serie de breves prosas que parten de cada una de las veinticuatro letras del alfabeto griego. El título de este poemario se debe a José Lezama Lima, como muestra el epígrafe inicial: «...como la verdadera naturaleza/ se ha perdido, hay que inventar/ una sobrenaturaleza» (9). Los versos de Hernán Bravo son breves y cuidan cada término como el inicio de una infinita interpretación. En el poema «Apócrifo», por ejemplo, hurta le letra «e» nacida entre la tierra: «por el huerto,/ por el hurto» (15). «Resaca» está dedicado a Washington Cucurto y termina con lo que podría ser una alusión a quien lee y debe de releer:

[...] 
En cuanto a ti,
que confundes
escala y escalera,
lo único
posible es el comienzo.” (40)

La música del poeta se instala en cada uno de sus golpes entintados y atinados. El texto que más me atrae de Sobrenaturaleza se encuentra en la segunda parte, y se debe a «Delta» (cfr. 54). Es breve, pero no lo recojo aquí para que se hagan con el libro. Es un canto al mar. Sí que adjunto, en cambio, la prosa poética y etimológica que incide de nuevo en el título:

No la rosa de nadie florecida – naturaleza fue más que su nombre, la nutria, la verdad, vacío incluso – Norma, mi madre, silba delante de la luz a algunos pájaros en el jardín de ahora; como si nada, hay nidos, plantas, canto – no la naturaleza, sino sobre naturaleza – Ni (63).

El recurso de la raya es común en este viaje horizontal que fragmenta los discursos sensitivos de la lengua.
            Los orillados marca la frontera que existe entre el mar y la tierra, un texto y su lectura: «el arte de afinar la pérdida y fugarse a la orilla, única forma posible de habitar el centro que perdimos desde siempre». Armando González Torres reseña el libro de ensayos de Hernán en Letras Libres. El también poeta mexicano destaca que «Los ensayos son instantáneas que invitan a la frecuentación del autor y tienen la virtud de no enfocarse en el aspecto pintoresco y anecdótico, tan seductor en este tipo de autores, y orientarse en ráfagas críticas a su obra y su significación». Los autores raros que estudia Bravo son «Marosa di Giorgio: Declaración del principio», «Luis Hernández: La música de las esperas», «Juan Carlos Bustriazo Ortiz: El archimítico», «Raúl Gómez Jattin: Nuevo elogio de la locura» y «Abigael Bohórquez». Para muchos, este último es una de las grandes figuras de la poesía mexicana. «Margen central» (cfr. 15-39) es una reflexión indispensable para entender propuestas metodológicas de las que, por ejemplo, hablamos en torno al reciente Congreso de Jóvenes Hispanistas. Mediante algunos fragmentos de Los orillados podemos entender o hacernos una idea del enorme trabajo del poeta. El prólogo, de Eduardo Casar, explica que «Las dos primeras sílabas de “origen” continúan en “orilla” pero hasta ahí. Límite ambiguo, la orilla es como la frontera: uno no sabe si comienza o si termina» (9). El poeta mexicano estudia la literatura resemantizando con humor tópicos de Miguel Hernández a la lírica medieval. Desde el flâneur, el poeta ahora es «perito en bohemias, mester de golfería» (32). Y es que, «el arte, en efecto, representa un medio, no remedio» (62). Acerquémonos a la literatura a través de la poesía mexicana. No sana, pero cura.
            El mismo Higashi comenta el reciente Hasta aquí: «El último libro de Hernán Bravo Varela, Hasta aquí (2014), propone una meditada ruptura del autor con los códigos del culturalismo como herramientas de distanciamiento donde, en una apuesta por continuar con su exploración del poema lírico, el yo autobiográfico vuelve a tomar fuerza como tema de la poesía lírica» (415). Aunque un buen texto siempre se sostiene por sí mismo, la vida y la obra son un todo.
            Algunos poemas de Hernán Bravo Varela se encuentran en Las afinidades electivas / las elecciones afectivas que coordina el poeta argentino Alejandro Méndez. El autor de Sobrenaturaleza y Los orillados es un ejemplo de poesía. Si sirve de algo eso de «El poeta de su generación», sin duda lo es. Y si no sirve, también.

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