domingo, 30 de abril de 2017

Ángel Ortuño

Imagen de Vozed
La simetría es un muro.
Ángel Ortuño

Ángel Ortuño (Guadalajara, Jalisco, 1969) representa un tono particular (irreverente) de la poesía mexicana. A continuación queremos compartir algunos comentarios que nos han provocado sus libros Mecanismos discretos (Mano Santa, 2011), 1331 (Conaculta, 2013), Poemas swinger y otros malentendidos (Bongo books, 2014), El amor a los santos (El viaje, 2015) y Turbo girl: historias de la mamá del diablo (Trabalis / Aguadulce, 2015); todos ellos presentes en el Archivo de Poesía Mexa que venimos consultando.
            En iletrado pero cuerdo Ángel Ortuño confiesa la influencia que Manuel Maples Arce tiene en lo que escribe. Podríamos pensar entonces que Ortuño pertenece a un grupo ajeno al canon o las instituciones, que se preocupa o se compromete de alguna manera con los males de la sociedad y que utiliza un humor y una crítica muy personales para rociar de actualidad los lugares comunes.
            Después de varias publicaciones (entre las cuales destacan Minoica, en 2008, o Boa, en 2009), llegamos al poemario Mecanismos discretos (2011), donde Ortuño juega a activar pequeños torbellinos en las llagas del ser humano. Por ejemplo:

HIKIKOMORI

Más allá de seis meses
(lo afirmó
el Ministerio de Salud).
Más acá de las islas
como solideos de arena blanca
donde Lucrecia Borgia es la palmera,
el estallido
seco de la tinta entre las piernas.
Ya no
pienses en eso:

acuérdate que vives con tus padres (19).

El final revela las posibles interpretaciones de un problema que afecta a los jóvenes que se aíslan en su habitación porque se sienten plenos con la conexión a internet. Lucrecia Borgia, renacentista italiana que podría haberse quedado embarazada de su hermano, convive con las recomendaciones del Ministerio de Salud.
            1331 (2013) es sin duda el libro que más comentarios ha provocado. Alude en su título al año de la Guerra Genkō de Japón, algo que, según explica el autor, no tiene que ver con este poemario surrealista. Sin embargo, en El Faro Cultural de Juan Carlos Gallegos el mismo Ortuño cuenta que le gustó este guarismo de múltiples lecturas que es un octosílabo (mil trescientos treinta y uno) y que fue como un vaticinio, sin mencionar el conflicto bélico anterior; de modo que, está confirmado, no es importante para el resto del libro. Se compone de tres partes: la que da título, «Animales (Libro para niños ilustrado sin ilustraciones)» y «El palacio de las uñas». El dardo se dirige esta vez a la academia, entendemos, en la que «te acuchillan señores vestidos de levita» (9). Las preguntas retóricas merecen una estupidez. Este es el inicio del poema «¿Qué hacer ante un billete aparentemente falso?»:

Primero
no lo use para pagar
el precio de escribir esa pregunta:
[...] (14).

El final del texto no merece recogerse porque decae en un tópico machista (valga la redundancia), aunque bien podría entenderse esto último de manera forzosa como una crítica a los prejuicios. Más adelante son habituales las situaciones absurdas no exentas de humor. El paso del tiempo y la música son temas sobre los que diserta con una atractiva imaginación. Las continuas referencias a Japón y las miserias humanas que causan enfrentamientos y destrucción no son motivo suficiente para creer la primera versión de 1331 que ofrecía el personaje encarnado por el autor de este poemario.
            Poemas swinger y otros malentendidos (2014) está publicado en Cuba. Una vez leído un libro me gusta buscar en la red comentarios al respecto. Lo único que encuentro en esta ocasión es un asterisco que acompaña a la recomendación de Athinux, el blog de Roberto Carlos Gámez. Dice así: «* Libro de poesía, y no, no son cursis versos dedicados al amor o a la madre». Estoy totalmente de acuerdo con Athinux. Me sorprende, sobre todo, la nota que acompaña al título de Ortuño, el único que merece unas palabras entre la lista de los veintidós libros del año. Es cierto que no son versos cursis. Tampoco hablan del amor o se dirigen a la madre. O peor: amor de madre. En estos versos vemos cómo «el que cambia» (swinger) se decanta ahora por la minúscula y la ausencia de puntuación. Cada vez se aproxima más a la ráfaga de imágenes y anécdotas banales que transforma en el poema mediante juegos y complicidades con quien lee, pongamos por caso, «Confesión del cyborg queer»:

Acúsome, padre, de que me deconstruyo.
Y no sé bien cuál sea el verdadero
espíritu
femenino.

Se hace la presente sin ningún fin
Estético
(perdone la mayúscula inicial, se trata
de la obsesión del autocorrector)
para perder el alma
inmortal y luego
ir a buscarla
por las bonitas calles del infierno.)

Intuimos que el paréntesis final lo abría una parte del texto que se ha deconstruido; o bien se lo ha quedado el sacerdote. Al leer estos swings uno puede sentirse cómodo e ir oscilando hacia el lado oscuro de la poesía mexicana. No se está tan mal.
            El amor a los santos (2015) vio la luz en Puerto Rico y tiene una licencia de Creative Commons; lo cual, además de la donación al Archivo de Poesía Mexa, me parece importante para fomentar la lectura. La penitencia no se debe a la religión, sino a la idiotez. Por si había alguna duda, recogemos el poema «La adivinación mediante el análisis de las estrías del ano»:

Compañeros, el futuro,
el destino
lo hacemos nosotros: ignorantes,
desgraciados y
desesperados que creemos en todo
lo que haya que creer (11).

Solemos citar los poemas iniciales por dos razones: para no desvelar el final del poemario (si lo tiene) y porque el choque se produce al principio; luego ya se repite la tónica y pierde el gas. En Transtierros vienen otros textos de El amor a los santos. ¿Inocentes? Lo mejor son los títulos, de ahí que se agradezcan, esta vez sí, la existencia de índices. Su «Arte poética», creemos, no tiene que ver con el poema citado anteriormente:

lo
más
barato

es

lo
más
profundo
(34)

            Turbo girl: historias de la mamá del diablo (2015) aún nos sorprende, en contra de lo que se podía prever. Pese al título (no son «cursis versos dedicados a la madre»), David Caleb Acevedo firma el prólogo llamado «Los intersticios de la violencia y el gore como arma para entenderla»). Sus palabras finales nos sirven para cerrar este breve repaso a la obra de Ortuño y para incidir (como hacíamos con Jorge Humberto Chávez, Nadia Contreras, Esther M. García, Moisés Ayala) en las nuevas formas que tiene la poesía mexicana de transmitir la violencia:

En fin, estamos ante un poemario sumamente gráfico y violento. Pero, ¿dónde estriba realmente su violencia? ¿Acaso se da en la diseminación sin filtro crítico de imágenes violentas, una detrás de la otra, sin parar, o existe una intención en usar el gore para dejarnos ver algo? ¿Existe un tipo específico de violencia cuyo único efecto sea aleccionador? ¿Es violencia dejarnos ver la violencia tal cual es? ¿Es violenta la verdad? ¿Es la verdad un asunto de salud pública? Este poemario muestra que la poesía puede ser ese vehículo de entendimiento (11).

El humor negro, el sarcasmo y la inteligencia para condensar un vicio en una precisa imagen que agrada porque no reconforta logran la poesía de la pornografía de la que habla Juan Romero Vinueza en la barra espaciadora o la coherencia que Ortuño defiende también en la entrevista que le concede a José Antonio Neri Tello en Página24.




            No es difícil encontrar poemas del jalisciense en la red: ya sea en Revista Crítica o Revista El humo. Además, podemos escuchar al propio autor recitarlos en Descarga Cultura UNAM. Parte de la polémica que ha rodeado al autor de 1331 se debe a su inclusión en la reciente antología Mexico 20: la nouvelle poésie mexicaine (2016). Más allá de la importancia que pueda tener Ángel Ortuño dentro de cincuenta años (tampoco creo que a él le importe), me parece un ejemplo claro de la nueva dimensión social de la poesía mexicana: cercana al espacio urbano, rica en expresiones populares, apropiación del discurso, brevedad, intertextualidad y un humor ácido como nota discordante. Ahora bien, son muchos más los casos de textos sin ritmo, vacíos o repetitivos que aquellos destellos de precisión cínica. En cualquier caso, es un poeta distinto, peculiar. Aunque no sé si esto último asegura algo. Me quedo con El amor a los santos.

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