domingo, 25 de junio de 2017

Luis Alberto Arellano

Imagen de Milenio
Luis Alberto Arellano (Querétaro, 1976-2016) nos dejó hace unos meses, pero podemos leerlo en el Archivo de Poesía Mexa, donde vienen sus poemarios Plexo (Tierra Adentro, 2011) y Bonzo (El Quirófano, 2012). Lo recordamos entonces a partir del breve comentario de algunos rasgos que nos parecen constitutivos de su poética.
            Plexo (2011) está formado por dos partes: la primera, «Mundo lento», es una red que entrecruza catorce escritos en o con el polvo, la ceniza y el aire; la segunda, da título al libro y cuenta con dos poemas extensos. Arellano se fija en lo que pasa inadvertido para cualquier persona ajena al gozo del instante poético que siempre nos rodea. Él mismo reconoce su virtud al final del primer «Escrito en el polvo» de este mundo lento que tan bien retrata:

[...]
el sucio espectador que descifra la voz del dios de las
pequeñas cosas
como el perverso que ama la cerradura y no el cuerpo
que se desnuda,
las manos y no la caricia, el rouge y nunca el beso.
Me llamará su sonrisa, así se esconda en otros dientes.
Y la serena certeza de la muerte (16).

La muerte es tratada de pie, con los labios apretados. La coloquialidad y la natural pureza de su lenguaje lo hacen uno de los poetas más conversacionales desde el solipsismo generacional; no porque no dialogue con sus escritores coetáneos, sino porque al hablar del otro (el indigente, la niña,  la ternura) nos demuestra la individualidad de la sociedad que ilumina como luciérnagas la noche del pensamiento que «casi siempre se ha borrado por el frotar cotidiano / contra los muros del otro. / Los muertos / la crisis perpetua de todo / el otear en el plexo recién abierto» (36). En la parte final del poemario, las referencias a las culturas que nos anteceden se suceden en prosas del viaje iniciático de cada poema.
            Por otra parte, Bonzo (2012) cuenta con dos partes: «Caja negra», de siete poemas, y «Tiro de gracia», de seis. El nihilismo, la sorna, los paralelismos a modo de laberinto circular son características que señalaba el también poeta Hernán Bravo Varela en La Jornada de la UNAM al despedir sus restos: «Desde siempre me llamó la atención su enorme generosidad, su calor humano, su inteligencia chispeante, aguda, socarrona, lúdica y parte de todo eso está reflejado en su poesía». Recogemos el poema «Malas palabras»:

En caso de reventar por los costados:
1 Calme a la persona de su extrema derecha
1.1 Si llega a salpicar pida disculpas
2 Hidrate el área purulenta
2.1 Utilice sólo agua o Sidra
2.2 Lance chorros regulares al área infectada
3 Reconozca que es un zombie
3.1 Diga en voz alta: Mi nombre es Luis Alberto Arellano y
soy un zombie
3.2 Arranque una oreja mientras toma fuerza para continuar
confesando
3.3 Simule que ha perdido la vista y debe tocarlo todo.
Todo.
4 Guarde los dedos que vaya perdiendo o en su defecto vaya
encontrando
4.1 O se re injertan o son un buen snack para largas
caminatas en busca de carne fresca.
5 Préndase fuego
5.1 Mucho fuego
5.2 Alto octanaje para arder parejo
5.3 Deje a un lado los objetos metálicos que pueden causar
daño a altas temperaturas
5.4 Vocalice la Ibis de Ovidio mientras aún tiene la
mandíbula sujeta al cráneo
6 Despídase lentamente y todo el daño colateral en vasos de
plástico rosa (38-39)

Luis Alberto Arellano fue un poeta que con solo cuarenta años nos dejó una voz personalísima, tan aguda en su humor como grave en su fondo. Además de en el Archivo de Poesía Mexa, también podemos disfrutar al queretano en la revista El Humo o en El Cálamo.


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