domingo, 11 de marzo de 2018

Isabel Fraire

Imagen de Protestante digital

Ayer mi marido recibió carta de su madre
“pasan los cisnes salvajes y de vez en cuando un ganso”
Isabel Fraire ([1977] 2018: 10)

Isabel Fraire (1934-2015) forma parte del Archivo de Poesía Mexa con un libro que acaba de editar la propia Poesía Mexa: No sé ir a casa (2018). Gracias a este material que ofrece Rolando Montaño Fraire, comentaremos algunos aspectos de la poética de Fraire para ponerla a dialogar con las generaciones, promociones y constelaciones posteriores.

            Jorge Posada selecciona los textos para un proyecto en el que también participan Luis Eduardo García, Diana Garza Islas, Daniel Bencomo y Yolanda Segura. De sus cuatro poemarios, 15 poemas (Katharsis, 1959), Sólo esta luz (Alacena, 1969), Poemas en el regazo de la muerte (Joaquín Mortiz, 1977) y Un poema de navidad para Alaíde Foppa (Plaquette de autor, 1982), los poemas recogidos se centran en los tres últimos. La desesperanza recorre una naturaleza que con el paso del tiempo crece a la vez que el ser humano mengua. Al tiempo que retrata la sociedad, como un animal que se mueve por instintos, se reflexiona sobre el oficio poético con una precisión que dota al verso libre de un ritmo que resuena en imágenes que van de lo cotidiano a lo surrealista. Ejemplo de ello podría ser el tigre (la realidad) que quiere entrar en el espacio doméstico, poético; a la manera de Eduardo Lizalde en El tigre en la casa (1970). Dice Fraire en esa misma década:

Toda la noche soñé con un tigre
que amenazaba con despedazarme
y yo cerraba puertas y más puertas
atrancándolas con mi sola desesperación
mientras oía una voz que me decía
“deja entrar al tigre
déjalo entrar
no es sino la realidad” (6)

De esta manera, la poeta presenta un tono apocalíptico que conectaría con la preocupación ecológica de José Emilio Pacheco y Homero Aridjis; así como, más adelante, con la violencia inusitada de Coral Bracho o Xitlalitl Rodríguez Mendoza. El tren subterráneo y Proust, Europa y los anuncios clasificados, Van Gogh y las pérdidas: son asociaciones válidas para una filosofía del poema. Las comillas y las cursivas recalcan el testimonio de casos particulares que proyectan un problema común. El aburrimiento, la soledad, arte poética: «A veces me irrita darme cuenta de que escribir está lleno de trampas / aprender a escribir es aprender a manejar trampas» (15). El tiempo y el espacio conectan a la autora de Irse para volver con, ya lo dijimos, el de Irás y no volverás. La poesía conversacional de Pacheco gana, a través de Fraire, un reducto de dificultismo metafórico. La poeta camina la ciudad, visita un museo y deja testimonio de las conversaciones que escucha en su cabeza y en la de otros; inspirada por lo que sucedió y lo que pudo suceder, cual Héctor Carreto o Vicente Quirarte. Critica con fuerza al medio literario a través de una metamorfosis de las constantes hormigas: «Los poetas tienen antenas / si nos los figuráramos como insectos / tendrían un cuerpo blando y vulnerable recubierto / de vellos finísimos larguísimos» (43).
            En Material de lectura (UNAM, 2010), Juan García Ponce presenta a la autora que «[a]parece también para desaparecer en la aparición» (5). El hueco que las palabras ocupan y dejan en la página es el vacío que la poesía, lejos de llenar, señala. El trabajo de Poesía Mexa en este caso reúne una serie de poemas breves e independientes que funcionan, me parece, como un relato de ese sujeto que crece, denuncia y «deja de escribir» (46). Podemos dar con más textos de Isabel Fraire en Tiempo en la casa, Círculo de Poesía, con motivo de su muerte, o en su web: www.isabelfraire.com



Es cierto: entre cisnes salvajes que se empeñan en la vistosidad fáustica de una modernidad atrasada, de vez en cuando, se cuela un ave que canta con los pies en la tierra. Y su sonido es más cercano, más claro, necesario.

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