domingo, 25 de abril de 2021

Carla Faesler

 

Carla Faesler (Ciudad de México, 1967) es una de las referencias de la poesía mexicana de la que todavía no habíamos hablado en este blog. A continuación, nos acercamos a ella con motivo de los diez años que acaba de cumplir su libro Catábasis exvoto (Bonobos, 2010).



            Dicho largo poema narrativo se compone de breves textos en prosa que se articulan con imágenes donde la misma autora viaja en diferentes escalas a través tanto de los elementos cotidianos descritos como de las diferentes escalas que reproduce el excelente trabajo editorial.

Según Roberto Cruz en el capítulo en que estudia el caso de Faesler, junto al de Ricardo Cázares, presente en Bibliología e iconotextualidad (2019): «En Catábasis exvoto la representación se pone en suspenso para dar paso a una verdad, momentánea y menor, pero verdad, en la que los textos se preguntan por la identidad de los cuerpos, mientras que las imágenes delimitan el horizonte de esos propios cuerpos como imágenes» (405).


Pág. 11


            Dicha línea, entre texto e imagen, a raíz de las lenguas originarias, continúa en el proyecto CORPYCEM; donde se incluye parte de su poemario No Tú sino la Piedra (1999). La lectura y la visión, en la interpretación de ambos estímulos, conlleva el desplazamiento imaginario. La autora, en una tercera persona aséptica camuflada en la primera del plural (o incluso en la segunda del singular), trastoca sin embargo la autoficción que firma, por ejemplo, el 0 de abril. Los nexos, distantes, acaban conformando una imagen, a la manera borgiana, (del propio mundo) de la autora.

            A Ericka Montaño Garfias, en La Jornada, le confiesa la cercanía que para ella existe entre el exvoto y su propia vida. El homenaje a los diversos espacios amalgama objetos a la vista de quien observa (también sucede con quien lee) diariamente comportamientos marginales o aparentemente nimios, por ejemplo, entre insectos:

 

Es aun cerradura. Si metes la mano alcanzas la tetera para ofrecer. Que sirva la mano, que invite el ademán. Lo que hay dentro no importa, pero si hay líquido no podrás aprovecharlo, se atascará tu puño de regreso. Mojarás escarabajos y tazas. Si hay plantas y tierra reconstruirás un jardín con muñecos y lombrices, algo como jamás pudo encontrar la ternura mejor. El parque de ese gozne, aunque artificio, tiene un cierto aire de grandeza. Cuando encajes la mano cortarás un Pensamiento y al tratar de traerlo hacia tu plexo todos sus pétalos se desprenderán (69).

 

No se descuida por ello el humor que caracteriza a Faesler, en ocasiones, crítico. La obra, en definitiva, se vale de un lenguaje cercano al habla que, a la manera de Maricela Guerrero, podría incardinarse en lo que Alejandro Palma o Alejandro Higashi llaman dificultismo y densidad, respectivamente; amén de una proximidad a lo inusual que describe Carmen Alemany a propósito de la novela; que Faesler también cultiva en Formol (2014).





            Acérquense al trabajo verbal y visual de la singular escritora mexicana. Pueden hacerlo tanto en Letras Libres, Periódico de Poesía, Letras, su perfil de Instagram o en Perimetral; donde se encuentra desde esta semana del Libro y la Rosa su reciente obra DRON (mi madre era granadero).

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