domingo, 26 de diciembre de 2021

Pétalos de rosa, mejillas de melocotón

Pétalos de rosa, mejillas de melocotón (Bitácora de vuelos, 2020) es el primer libro de poesía para niños y niñas que publica recientemente Kyra Galván (Ciudad de México, 1956), con ilustraciones de Cecilia Mayorga Basilio; por lo que enlazamos esta obra con la investigación que desde ya nos ocupa a propósito de la didáctica de LIJ en la Universidad de Alicante y que en este blog trataremos de mostrar mensualmente.





            La también escritora para el público más joven Gabriela Peyrón reseña la obra de Kyra Galván, precisamente, en la página de Bitácora de vuelos; donde concluye lo siguiente: «es un libro que pone al alcance de todos (niños, niñas, adultos) la belleza del lenguaje. Nos introduce en la lectura de la poesía de forma lúdica, con paso ligero pero firme (como las pisadas de Jacinta)».

            La protagonista de este poema narrativo, Jacinta, es una niña que enseguida es descrita a lo largo de las escenas que conforman la jornada previa a irse a la cama. La primera página del libro que leo en formato electrónico presenta un resumen de la historia, lo que facilita la comprensión por parte del público infantil. Dicha tarea, la de sintetizar en un párrafo un libro de poesía, compleja donde las haya, no es habitual. Entendemos que es labor de la propia autora y sirve de pórtico. Ahora bien, propongo no leer a las y los más pequeños esta parte hasta que no abramos un diálogo con quienes pueden entender perfectamente el argumento.

            De la mano de lo fantástico explotan los sentidos que complementan a Jacinta, sorda de nacimiento. El uso de audífonos permite incluir la obra de Galván en una línea de personajes que abonan la rica diversidad, también, del aula. En dicho sentido se halla la labor de la Dra. Miaja de la Peña al recuperar la tradición oral en Naranja dulce, limón partido (2018).

            La rima consonante de los participios en estrofas de no más de media docena de versos, generalmente, en arte menor, dan pie a la personificación de rosas que debaten sobre Jacinta. Así pues, conocemos a la protagonista a través de lo que dicen las flores. Lo vegetal, a la manera de Luis Eduardo García en Una extraña seta en el jardín, podría igualmente vincularse con la ecocrítica: consideración del espacio y su habitabilidad a través de la actualización de símbolos, clave(le)s para la tradición literaria, como la rosa.

            Cual Samsa, un «bicho», resulta entre comparaciones con el medio: «como el viento que deshoja / como el sol que deshidrata» (5). Cabe destacar que tales recursos no alimentan un tópico como el de la acción de deshojar una margarita en relación con el amor, sino que vinculan las acciones naturales con un desastre intrapersonal. De nuevo, partimos de lo íntimo para una visión colectiva de la sociedad; en este caso, inclusiva.

            De tal modo entra en escena el personaje, presentado por la tercera persona que narra, omnisciente (lo que permite trabajar también los tipos de textos en infantil, primaria e, incluso, en secundaria):

 

Sin ninguna duda en la mirada

y sin miedo al caminar

trae consigo vientos y mareas,

tierras lejanas y fragancias dulces,

de modas apretadas,

con audífonos

en los oídos,

que la obligan a alzar la voz

cuando les habla (7).

 

Independientemente de que sean los audífonos el motivo que causa «alzar la voz», el personaje femenino protagoniza experiencias infrecuentes en la poesía mexicana contemporánea. Mediante un universo lorquiano, entre el sol, la luna y las flores, quien narra evita los lugares comunes y destaca cómo «La niña valiente / sin miedo toca / las espinas de las rosas» (13). Se acerca igualmente a la tradición de Miguel Hernández cuando describe los pétalos de las rosas, ya no como las «aladas almas» de raíz hernandiana sino como «tersas alas de mariposa» (14); punto en el que entendemos la fuerza del título del libro. De tal modo, podemos entender los referentes de la literatura que permea buena parte de la poesía del siglo pasado y, todavía, del actual.

            Seguidamente, contraria al estereotipo de belleza que comparten, por lo general, los anuncios publicitarios, la protagonista encarna, cual antítesis de lo esperado o normalizado, otros valores menos superficiales «porque a ella le gusta / el lodo y el mal olor» (15). En la reivindicación del contacto con la tierra (y la llamada por Neruda «poesía impura») sin excesiva preocupación por la imagen que se pueda dar, se destaca experiencias habituales propias de niñas y niños como es la de terminar, en el parque infantil, «con las rodillas raspadas» (16).

            Son numerosas las imágenes que conectan los textos breves y sumamente sonoros, coloquiales y llenos de relaciones textuales con los que establecer un debate. No nos detendremos en ellas, ya que esperamos llevar tal libro al aula; de manera que, in situ, hilemos la investigación con la práctica educativa.

            Sí que recalcamos, para cerrar este comentario, la presencia del bestiario entre la realidad y el deseo desde el espacio lúdico: «Sueña hormigas-dragón. / y escarabajos dinosaurio» (19). Concepto de ficción mediante, el imaginario se amplía al tratar referentes de la cultura de quienes crecen y se forman a través de libros como este.

            A Jacinta Flores, singular en su diálogo con las rosas, se opone el hermano: que «Rompe cuadernos, / deshoja los libros» (29). Ella se desahoga y se cobija con la imaginación. Ahora bien, a la manera del surrealismo, el desplazamiento y la creación mental no implican una pérdida de contacto con la denuncia, simbolizada, otra vez, por una naturaleza en que «los lagartos / cantan ópera / y usan frac» (30).

            Llorar supone la acción por la que interroga la enunciante. Las preguntas retóricas reflejan la desatención de una familia con la que es fácil identificarse; al tiempo que, formalmente, conectan con octosílabos cercanos a la coloquialidad y, en cuanto al contenido, próximos a los rasgos que verdaderamente atraen a Jacinta:

 

¿A dónde está la madre,

que sólo le habla al celular?

¿A dónde el padre

que trabaja sin parar?

No están debajo del pasto,

no hacen pasteles de lodo,

ni miran el cielo inmenso

ni hacen rodar a las cochinillas (33).

 

La entomología explica el mundo de la «nena» que se refugia en el exterior, ajena a dispositivos móviles y demás distracciones temporales que, por un uso adecuado, rompen la comunicación. La soledad, el aislamiento y la particularidad de un ser humano que se encuentra en fase de crecimiento y máxima sensibilidad, como temas, permiten conversar sobre múltiples conceptos incluidos en el currículo tanto por los contenidos del curso en la materia de LCL como en los objetivos de cualquier etapa educativa.




            Leer a Galván siempre es garantía de frescura y diálogo con la tradición mexicana y en español. No olvidemos que recupera símbolos (en este libro a través de animales y especies propios de la configuración mexicana) como los estudiados en el marco del proyecto CORPYCEM. Pueden hacerse con Pétalos de rosa, mejillas de melocotón, así como el resto de libros del sello editorial que dirige Nadia Contreras, en el sitio virtual de Bitácora de vuelos.

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