domingo, 6 de octubre de 2019

Principia


imagino mi cuerpo encendido
como una alberca en la noche.

Elisa Díaz Castelo (22)

Principia (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2018) es el poemario con el que Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986), además del Premio Nacional Alonso Vidal 2016, se ha ganado múltiples reconocimientos que destacan la capacidad verbal para adentrarse en el mundo de la ciencia y demás disciplinas.

            Hace meses, la autora presentó Principia en el Palacio de Minería con Isabel Zapata, quien lo reseñó en la Revista de la Universidad de México con la claridad, el atrevimiento y la capacidad para establecer nexos en apariencia difíciles de imaginar que caracterizan a ambas; en este caso a propósito del penúltimo poema, que también es el título de la colección de la editorial Antílope y del libro de ensayos de Zapata: «Acaso he encontrado tarde, después de demasiados rodeos, la idea al centro de Principia. Es la siguiente: una alberca vacía es alberca, aunque carezca de agua». Si partimos de este principio seremos capaces de adentrarnos de manera deductiva en las dos partes del libro: «Sobre el sistema del mundo» y «Sobre el movimiento de los cuerpos».
            Por su parte, Patricia Arredondo considera en Liberoamérica que «Todo lo que se mueve o se desplaza a través de las páginas de Principia está de algún modo despidiéndose, a punto de borrar sus límites, pero también dejando un vestigio de su paso»; mientras que Myriam Moscona apunta en la contracubierta que «Las extrañezas de sus componentes íntimos construyen un universo donde lo emotivo y lo desaforado se sujetan al conocimiento, nos sacuden y hacen que apretemos los dientes».
            La reciente galardonada, junto a Paula Abramo, con el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena cultiva temas escasamente transitados en la tradición lírica del país que nos ocupa. Lo hace mediante un lenguaje que, como estamos viendo en las últimas semanas, también se rompe. La sintaxis es clara y la pausa ocupa ese espacio: «Porque árbol que crece torcido, nunca» (14). En detalles, cual entomóloga, se acerca a la ecocrítica. Este es el primer verso de «Credo», poema que desarrolla la técnica que mencionamos con Homero Aridjis y que comentaba Zapata: «Creo en los aviones, en las hormigas rojas, / en la azotea de los vecinos y en su ropa interior» (16); y más adelante: «en los elementos de la tabla periódica, / con sus nombres de santos, / Cadmio, Estroncio, Galio» (17). Ya en el poema «Radiografías» damos con un «hombre / que se ha puesto su sotana de plomo» (21). El humor, contra la solemnidad del título y a favor de lo empírico. Esta obra podría entrar en lo que denominamos poesía experimental. A modo de poética nos detalla los pasos en «Instrucciones para realizar un experimento» (28-32). Casi al final del decálogo, en prosa se detallan las fases generales y entre corchetes la intrahistoria, cuyas rutas siguen siendo mirmecológicas, todavía «minadas por las hormigas rojas» (29):

IX. Realiza un experimento piloto. [Una mañana, el canario amaneció muerto. Las hormigas rojas le habían vaciado la sangre.]

X. Registra los resultados. [La cicatriz de tu madre es un camino de hormigas en el vientre fruncido.] (32)

Ya sea porque la poesía contradice a Saussure al mostrar las cuencas de los ojos como significante que conlleva significado en «la palabra dolor tiene dos ojos, tu madre todo el día en la oscuridad» (29), bien porque continúa con unos versos del colombiano que tanto es leído en México, Darío Jaramillo Agudelo (35), bien por las cursivas o el sangrado del «Acta de defunción» (40) llegamos al cuerpo, la particularidad del universo. Ya sea en prosa o en verso, sin perder el ritmo y la intensidad, la precisión, que venimos advirtiendo, el texto colinda con el ensayo o la traducción de la experiencia que domeña la mexicana. Así empieza «Escala de Richter»:

Si hay que medirlo todo, también esto. La destrucción es menor si se comparte. Ordenar incluso y sobre todo áreas de sombra. Darle forma al desastre, cifras que lo sujeten. Ésta es la magnitud local de mi tragedia (75).

Pese a que ciertas líneas puedan formar parte de cualquier otrora enciclopedia y no de un libro de poesía convencional, lo poético se consigue en su totalidad, al leer el texto en su conjunto, pues muchos cierres suponen el verdadero mecanismo que logra la Díaz Castelo, resolver el conflicto en sus diferentes fases. Además, no olvidemos los hilos conductores que va trazando hasta la «Materia oscura» que tratará la ya mencionada Cerón, así como la «Letanía del reino Animalia» de Zapata y demás poetas como Adán Brand. En la cartografía de Yelitza Ruiz, la de Elisa Díaz sería, en las últimas líneas de Principia, del poema «Mapa de cuerpos invisibles», algo así: «Mi vida es un mapa de su ausencia. Una constelación de estrellas interrumpidas que insisten» (86).
Cuando ya no pude dejar de leer y seguir a dichas poetas, entendí la capacidad ensayística de Díaz con la extraordinaria mesa que compartió con la también poeta mexicana Mariela Castañeda. Tuvo lugar en el I Coloquio de Poesía Iberoamericana que organizaron Rocío Cerón y Hernán Bravo; y puede leerse parte de ese trabajo en Periódico de Poesía.


No dejen de seguir, leer y escuchar a Elisa Díaz Castelo. Pueden hacerlo en Tierra Adentro, Buenos Aires Poetry, Carruaje de Pájaros o Argonáutica; es sin duda una de las poetas más sólidas y sugerentes de México.

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